jueves, 9 de febrero de 2012

Capitulo 4 - El secreto de las olas -


-       -   Elsa a comeeeeeeeeer! – Grita Marisa desde el comedor mientras Clara sentaba a su lado a “Daisy”, su muñeca favorita.

Elsa ya había acabado de limpiar y ordenar su habitación y se encontraba en el sillón leyendo "Canciones para Paula". Le encantaba ese libro, de hecho era el único que le había enganchado desde la primera página que empezó a leer. Seguía sin tener hambre y no tenía ganas de verle la cara a sus padres pero tarde o temprano tenía que enfrentar la situación y contra antes lo hiciera mejor. Se levanta, deja el libro sobre el escritorio y baja las escaleras. Sin decir ni una palabra se sienta en la mesa y empieza a remover las lentejas que su padre le acababa de servir.

 ¡Encima de comer hay lentejas! Resopla. Se mete la primera cucharada en la boca sin ganas y mira a su hermana pequeña. A ella le encantaban las lentejas y a su muñeca también ya que tenia toda la cara llena de aquel líquido asqueroso.
No puede evitar soltar una carcajada. Aquella niña era increíble y aunque aveces la sacara de quicio la queria muchísimo.

-          Vas a seguir sin hablarnos por mucho tiempo? – Dice Marisa centrando toda su atención en Elsa que seguía observando el numerito de su hermana dandole de comer a su muñeca.
La voz de su madre la hace volver al mundo de nuevo. La mira y sabe que esta triste y que se siente mal por lo que paso anoche pero ella no va a pedir perdon, ¡No tiene que pedir perdón!

-        -  No, cuando se me pase os hablaré. – Dice Elsa con un golpe seco de voz. Deja la cuchara en el plato, se levanta y lo lleva a la cocina.

 No podía dejar de sentir rabia por sus padres y aunque en el fondo se sintiera mal porque no le gustaba estar mal con ellos, no era capaz de estar otra manera, por ahora no. Su orgullo era más fuerte que su sentimiento de culpa y era una de las cosas que no le gustaba nada de ella misma, pero que tampoco podía ni sabía cambiar. En eso también se parecía a su padre, le costaba reconocer los errores, le costaba pedir perdón y era algo que su madre le repetía constantemente “ Siendo así de orgullosa no llegarás a ninguna parte, tienes que cambiar esa actitud” Pfffff. Tenía que dejar de pensar ya puesto que se estaba poniendo muy nerviosa otra vez. ¿Por qué los padres tenían que ser así? . No tenía una respuesta para esa pregunta.
Elsa mira el reloj de su muñeca. Las agujas marcan 15:51h. Mientras sube las escaleras de camino a su habitación decide que le apetece seguir leyendo ese libro que la tiene tan fascinada.

En el salón, Luís y Marisa recogían la mesa mientras Clara estaba en el sofá viendo disney channel.

-          Hicimos muy mal en decirle a Elsa que estas vacaciones las pasabamos aquí. Se había organizado el verano con sus amigas y se ha llevado un buen chasco. – Dice Marisa mirando a su marido con cara de preocupación. Cada vez se sentía peor ya que le dolía en el alma ver a su hija así.

-        -  Marisa cariño, cuando tenga dieciocho años que organice y haga lo que quiera. Piensa que dentro de dos años las vacaciones en familia serán sin ella, además que todo el mes de agosto y lo que quede de septiembre lo pasaremos aquí. No creo que sea tan horrible además ya sabes como se toma las cosas la niña. – Dice Luís muy convencido de si mismo e intentando quitarle hierro al asunto.

-          Si quizá tengas razón, con suerte hará amigos allí y se le pasará más rápido el mes que estemos fuera de casa – Dice Marisa dejando los platos que quedaban en el salpicadero, se acerca a su marido y le da un suave beso en los labios. Siempre sabe hacerla sentir mejor.

Elsa cierra el libro. No quería leerselo tan rápido ya que iba a ser su mejor amigo durante todo el mes de julio. Mira el reloj de nuevo. ¡Las 16:45h! Se levanta del sillón a toda prisa, abre el armario del que coge unos pantalones vaqueros cortos y una camiseta básica rosa, saca del cajón el primer bikini que ve y se viste lo más rapido que puede. Un poco de colonia, algo de maquillaje en los ojos, y el pelo recogido en una coleta de lado. Era más que suficiente. Coge la mochila donde mete una toalla, la crema y lo imprescindible y  se despide con un “ Luego vuelvooo!” mientras sale por la puerta.

Como siempre llegaba tarde. Menos mal que el resto aún era peor que ella. Acelera un poco más. ¡Va que ya casi llegas Elsa! Dice entre susurros.
 Su reloj ahora marca las 17:10h y acababa de llegar. Al fondo, sentados en la plaza que había en frente de la heladería a la que siempre solían ir, se encontraban todos sus amigos con los que estaba dispuesta a pasar una tarde de miedo. Tenía que aprovechar cada segundo que pasara con ellos. Elsa sabía que los iba a echar mucho de menos pero lo que aún no sabía era que en cualquier otro lugar también se pueden encontrar amigos increíbles.

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