- - Elsa a
comeeeeeeeeer! – Grita Marisa desde el comedor mientras Clara sentaba a su lado
a “Daisy”, su muñeca favorita.
Elsa ya
había acabado de limpiar y ordenar su habitación y se encontraba en el sillón
leyendo "Canciones para Paula". Le encantaba ese libro, de hecho era el único que
le había enganchado desde la primera página que empezó a leer. Seguía sin tener
hambre y no tenía ganas de verle la cara a sus padres pero tarde o temprano
tenía que enfrentar la situación y contra antes lo hiciera mejor. Se levanta,
deja el libro sobre el escritorio y baja las escaleras. Sin decir ni una
palabra se sienta en la mesa y empieza a remover las lentejas que su padre le
acababa de servir.
¡Encima de comer hay lentejas! Resopla. Se
mete la primera cucharada en la boca sin ganas y mira a su hermana pequeña. A
ella le encantaban las lentejas y a su muñeca también ya que tenia toda la cara
llena de aquel líquido asqueroso.
No puede
evitar soltar una carcajada. Aquella niña era increíble y aunque aveces la
sacara de quicio la queria muchísimo.
- - Vas a seguir
sin hablarnos por mucho tiempo? – Dice Marisa centrando toda su atención en
Elsa que seguía observando el numerito de su hermana dandole de comer a su
muñeca.
La voz
de su madre la hace volver al mundo de nuevo. La mira y sabe que esta triste y
que se siente mal por lo que paso anoche pero ella no va a pedir perdon, ¡No
tiene que pedir perdón!
- - No, cuando se
me pase os hablaré. – Dice Elsa con un golpe seco de voz. Deja la cuchara en el
plato, se levanta y lo lleva a la cocina.
No podía dejar de sentir rabia por sus padres y
aunque en el fondo se sintiera mal porque no le gustaba estar mal con ellos, no
era capaz de estar otra manera, por ahora no. Su orgullo era más fuerte que su
sentimiento de culpa y era una de las cosas que no le gustaba nada de ella
misma, pero que tampoco podía ni sabía cambiar. En eso también se parecía a su
padre, le costaba reconocer los errores, le costaba pedir perdón y era algo que
su madre le repetía constantemente “ Siendo así de orgullosa no llegarás a
ninguna parte, tienes que cambiar esa actitud” Pfffff. Tenía que dejar de
pensar ya puesto que se estaba poniendo muy nerviosa otra vez. ¿Por qué los
padres tenían que ser así? . No tenía una respuesta para esa pregunta.
Elsa
mira el reloj de su muñeca. Las agujas marcan 15:51h. Mientras sube las
escaleras de camino a su habitación decide que le apetece seguir leyendo ese
libro que la tiene tan fascinada.
En el
salón, Luís y Marisa recogían la mesa mientras Clara estaba en el sofá viendo
disney channel.
- - Hicimos muy
mal en decirle a Elsa que estas vacaciones las pasabamos aquí. Se había
organizado el verano con sus amigas y se ha llevado un buen chasco. – Dice Marisa
mirando a su marido con cara de preocupación. Cada vez se sentía peor ya que le
dolía en el alma ver a su hija así.
- - Marisa
cariño, cuando tenga dieciocho años que organice y haga lo que quiera. Piensa
que dentro de dos años las vacaciones en familia serán sin ella, además que
todo el mes de agosto y lo que quede de septiembre lo pasaremos aquí. No creo
que sea tan horrible además ya sabes como se toma las cosas la niña. – Dice Luís
muy convencido de si mismo e intentando quitarle hierro al asunto.
-
Si quizá
tengas razón, con suerte hará amigos allí y se le pasará más rápido el mes que
estemos fuera de casa – Dice Marisa dejando los platos que quedaban en el
salpicadero, se acerca a su marido y le da un suave beso en los labios. Siempre
sabe hacerla sentir mejor.
Elsa
cierra el libro. No quería leerselo tan rápido ya que iba a ser su mejor amigo
durante todo el mes de julio. Mira el reloj de nuevo. ¡Las 16:45h! Se levanta
del sillón a toda prisa, abre el armario del que coge unos pantalones vaqueros
cortos y una camiseta básica rosa, saca del cajón el primer bikini que ve y se
viste lo más rapido que puede. Un poco de colonia, algo de maquillaje en los
ojos, y el pelo recogido en una coleta de lado. Era más que suficiente. Coge la
mochila donde mete una toalla, la crema y lo imprescindible y se despide con un “ Luego vuelvooo!” mientras
sale por la puerta.
Como siempre llegaba
tarde. Menos mal que el resto aún era peor que ella. Acelera un poco más. ¡Va
que ya casi llegas Elsa! Dice entre susurros.
Su reloj ahora marca las 17:10h y acababa de llegar. Al fondo, sentados en la plaza que había en frente de la heladería a la que siempre solían ir, se encontraban todos sus amigos con los que estaba dispuesta a pasar una tarde de miedo. Tenía que aprovechar cada segundo que pasara con ellos. Elsa sabía que los iba a echar mucho de menos pero lo que aún no sabía era que en cualquier otro lugar también se pueden encontrar amigos increíbles.
Su reloj ahora marca las 17:10h y acababa de llegar. Al fondo, sentados en la plaza que había en frente de la heladería a la que siempre solían ir, se encontraban todos sus amigos con los que estaba dispuesta a pasar una tarde de miedo. Tenía que aprovechar cada segundo que pasara con ellos. Elsa sabía que los iba a echar mucho de menos pero lo que aún no sabía era que en cualquier otro lugar también se pueden encontrar amigos increíbles.
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